miércoles, 27 de marzo de 2013

Día 70, 22 de marzo. La policía se defiende: Garay, Conti y Villalba.



1. Segunda parte de una “defensa oficial de trinchera” sin manguera.

Toda la mañana en la jornada de hoy se invirtió en seguir escuchando al defensor oficial Mariano Maciel, que siguió (y siguió, y siguió...) defendiendo al subcomisario Garay, el hombre que estaba a mitad de camino entre la patota y los compañeros, y corrió sus patrulleros para habilitar el ataque.

¿Qué estoy haciendo acá defendiendo al subcomisario?”, se preguntó, angustiado, mientras sostenía que Garay estuvo fenómeno al mantenerse quietito a un costado, en lugar de intervenir, porque “lo de Kosteki y Santillán ocurrió porque la policía sacó las armas, que es lo que acá no hicieron”.

Con increíble imaginación, si pensamos que estaba hablando de una calle desolada de Barracas, con la calzada ocupada a 300 metros por los compañeros que se reponían del primer ataque, el Dr. Maciel dio una versión novedosa de por qué el subcomisario movió a un costado los patrulleros a su cargo, abriendo el paso a la patota: “Su obligación, por la Orden del Día nº 70, era habilitar el tránsito vehicular”...

Finalmente, cuando ya creíamos que debíamos seguir oyéndolo por la tarde, cerró su alegato: “Creo haber agotado todos los puntos de la acusación”, dijo esperanzadoramente (en realidad, nos había agotado a todos), “y aclaro que ésta es una defensa oficial de trinchera”.

Pero lo mejor estaba por llegar: “La situación de Garay, que no podía usar el arma reglamentaria, era como un bombero sin manguera… él pidió una manguera, pero no se la dieron... Su obrar fue inmaculado, tuvo la infinita e intensísima desgracia de ser convocado al lugar por el llamado del cabo Maldonado, quedó con patrulleros armados en medio del tumulto, pero gracias a que evitó no usarlos no hay que lamentar otros daños...”.

Nos tuvimos que contener para no gritar ¡Gracias, subcomisario Garay!

2. Conti: “La decisión se toma en el poder político”

El Dr. Jorge Luis Del Valle Alvarez Berlanda es el defensor del oficial inspector Gastón Maximiliano Ezequiel Conti, el tercer hombre en la sala de situación, que moduló instrucciones clave como la orden al subcomisario Garay de “ir por POC” (=llamar por celular, que no queda grabado) cuando la patota bajó del terraplén y el subcomisario, distraído, pidió apoyo.

Con tanto nombre, fue algo difícil concentrarse, especialmente en la primera parte de su alegato dedicado a fustigar la “presión de la prensa”, a la que atribuyó que jueces y fiscales se “apuraran para llegar a juicio a cualquier costo”.

Pese a todo, el defensor dijo una gran verdad que esta querella ha señalado siempre que pudo: “Esta causa catapultó a Cristina Camaño Pais al ministerio”. Aunque él otorga el mérito a la instrucción, y nosotros sostenemos que fue la prolija defensa de la policía, con la división de la causa, y la protección sin fisuras a los funcionarios oficiales lo que le ganó la promoción a la hoy funcionaria del ministerio de Seguridad.

La siguiente hora y pico se fue en ditirambos contra la fiscalía de instrucción, la jueza de primera instancia, la cámara... y nuestra querella, desde luego, a la que reprochó haber reclamado una “sentencia aleccionadora”.

Luego, el Dr. Jorge Luis Del Valle Alvarez Berlanda se dedicó a las matemáticas, contando cuántos televisores había en la sala de situación para ver en directo los hechos, y cuántos policías en el lugar, si 90 (contando a los que fueron estacionados en Avellaneda) o “sólo” 51...

Después vino el clásico recurso de echar las culpas para arriba, abajo y los costados. “Conti, en la sala, tenía un punto de ceguera por falta de información. El cabo Maldonado llamó al 911 de su celular particular denunciando una ‘incidencia de proporciones’ cuando fue el primer incidente a las 12:10, pero fue poco claro, si hubiera explicado bien, se hubiera mandado más gente...”.

Ya que estaba, repartió también a la bonaerense, quejándose de que nunca se los citó... cosa que esta querella viene reclamando desde el mismo 20 de octubre, pero, claro, el detalle se le escapó.

Más adelante, directamente confesó que su defendido, y todos los demás policías, cumplieron órdenes de sus jefes: “En la casa de Tucumán, la policía no actuó hasta que dieron la orden. La decisión se toma en el poder político, allí se decide si se tolera la movida, como contra la casa de Tucumán o si los sacan a patadas, como a los docentes de Santa Cruz”.

Sobre la tarea puntual de su defendido, dijo que el operador “es un mero transmisor de órdenes recibidas”, cual autómata que no piensa, y reivindicó claramente la obediencia debida: “Las órdenes no se discuten, sólo se pueden pedir aclaraciones”.
Pidió, desde luego, la absolución de su defendido.

3. Villalba: “Pesó más acusar a un policía que valorar la prueba”.

La Dra. Valeria Corbacho, que cuando no defiende policías como el agente Ismael Villalba, el camarógrafo, y tantos otros (es la defensora del cabo Segovia, asesino de Mauro Vega, el murguero de Chacarita) se dedica a personajes como Fernando De La Rúa, pidió de entrada la absolución de su asistido, ayudada por la falta de acusación de la fiscalía y la leve pena pedida por la querella del Cels.

Villalba actuó conforme leyes y reglamentos, y cumplió su tarea eficazmente. El material fílmico que obtuvo fue determinante para que este juicio se pudiera hacer”, aseguró. Casi nos levantamos a darle un beso al policía que dejó de filmar justito cuando se produjo el ataque.

A nuestra querella, que requirió para su defendido la misma pena que para el resto de los acusados, el máximo que teníamos disponible, 25 años de prisión, le dijo de todo: “Quedé sorprendida ante una acusación semejante, carente de honestidad intelectual, falta de fundamentación fáctica y dogmática, meramente especulativa”.

En materia de hechos, más de lo mismo: “Nadie le dio la orden de bajar de las vías, tenía que racionalizar el uso de baterías, no podía bajar para filmar de más cerca”.

Y cerró como arrancó, declamando al inocencia del policía.


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