lunes, 18 de marzo de 2013

Día 67 - La patota termina su defensa, entra la policía. (15/3)

1. Uño, el último de la patota.

Después del mediodía, llegó el momento que todos esperábamos: el alegato del Dr. Igounet, defensor del patotero Guillermo Uño, el abogado que más incidencias y carcajadas arrancó durante el juicio, como cuando confundió el MIR con el MIR chileno, y creyó que había descubierto la pata guerrillera en la movilización de los tercerizados.

Sobre los hechos, después de reiterar el relato amañado de los demás defensores de la patota –excluyendo a la defensora de Favale, claro-, se dedicó a caracterizar como "malas personas" a los testigos que señalaron a su defendido como uno de los que sacaron las armas del lugar.

Volvió, como durante todo el debate, con sus alegaciones contra "los que usan molotovs y armas de fuego", haciéndose el distraído, de nuevo, sobre el resultado final de los hechos de Barracas, que bien distintos hubieran sido en tras circunstancias.

Aseveró que la jueza de instrucción "trató de satisfacer" a la mamá de Mariano, cargó contra la fiscal, y se quejó de que no se investigó a los manifestantes, de nuevo con su delirio sobre francotiradores, tumberas y heridos de bala del lado de la Unión Ferroviaria, que vaya uno a saber por qué nunca aparecieron.

En ese punto, aseguró que un ferroviario de apellido Garro tuvo una herida de bala en la mano, aunque no explicó por qué, cuando ese hombre estuvo presente y listo para declarar en la sala, el Dr. Igounet, que lo había ofrecido, prefirió mandarlo de vuelta a su casa sin interrogarlo...

Hubo pasajes en el alegato que no se pueden comentar, sólo es posible transcribirlos textualmente: "Quise preguntar cuál es la diferencia entre el Partido Obrero y el Polo Obrero, pero no se me permitió. El Polo Obrero es una fracción trotskista del Partido Obrero. Los trotkistas son grupos armados, van por la lucha de clases. El Polo es el brazo armado del PO, que es internacionalista".

¡Agarrá los libros que no muerden!!

2. El comisario Mansillase defiende: "La policía es el brazo armado del poder político, y el que dispone del poder político es el Poder Ejecutivo".

El muy formal Dr. Raúl Bednarz fue el primer defensor de los policías acusados en exponer su alegato de descargo. Con gran solemnidad, comenzó señalando que no podía empezar sin "destacar el terrible hecho que originó este proceso. No tenemos palabras para calificar el horror, la tragedia, la barbarie que realmente repudiamos y tenemos que dejar constancia de esto".

A renglón seguido, soltó que "no es justo que se haga pagar a justo por pecadores", y, a contramano de su ditirámbico repudio a la "pérdida de la vida de un joven en la primavera de su vida, y las graves heridas de una señora", se mandó derechito a defender corporativamente a todo el aparato policial.

El caballito de batalla de todo el alegato fue la pretendida política de "no criminalización de la protesta social" del gobierno kirchnerista, al que defendió con uñas y dientes, aunque, claro está, se hizo bien el otario con las dos decenas de asesinados en movilizaciones populares desde 2003.

"La policía ha hecho realmente malabares para poder llevar a cabo esa tarea con perjuicio muchas veces de la vida de ellos, de lesiones, como hemos visto incluso hace poco tiempo", largó, y a más de uno se le piantó el lagrimón pensando en esos abnegados funcionarios estatales, que dan la vida por el prójimo, y nunca, nunca, secuestran, matan, torturan, violan, venden merca, trafican autos y personas ni extorsionan.

"No se trata de autómatas que les ponen un chip con las órdenes del día para que operen en los operativos. Son seres humanos que tienen que elaborar las situaciones, analizarlas, sopesar los riesgos que su actuación puede provocar por lo que su actuación puede originar", explicó, con tanta claridad que nos levantamos y fuimos corriendo a disolver CORREPI.

"Ninguno de los policías que están aquí acusados incumplieron la ley. Al día siguiente, el titular de la cartera en ese momento, Aníbal Fernández, en un reportaje en Radio 10, defendió al conducta policial. Y es un hombre que sabemos es un hombre realmente informado", remató. "Hubo un sumario administrativo, la conducta fue juzgada desde la misma fuerza y desde el mismo ministerio como ajustada a derecho", agregó. Claro, porque cuando matan, torturan, violan, trafican o extorsionan, enseguida vienen el ministro y asuntos internos a denunciarlos...

Con angustia inocultable, el Dr. Bednarz explicó que, a tal punto la conducta policial fue juzgada correcta por el Ministerio, que sus abogados de planta asumieron las defensas de los oficiales acusados. "Pero el 12 de noviembre, por orden ministerial, se les ordenó a los abogados policiales que renunciasen. Sin más, sin que hubiese habido cambio alguno. Como consecuencia de esa renuncia, el pobre Mansilla no tuvo más remedio que contar con nuestra asistencia", ironizó. Corta memoria, la del abogado. La ministra Garré ordenó que renunciaran los abogados del ministerio cuando nuestra querella lo denunció, públicamente y ante la cámara de apelaciones. Claro que algo había cambiado. Éramos parte en la causa, y reconocemos los abogados del ministerio de Seguridad cuando los vemos, porque son los que defienden a cuanto policía gatillero o torturador hay en la federal.

Luego, vinieron las falacias para tratar de desmentir la avalancha de elementos que muestran la participación policial en el crimen, y un argumento excepcional: "Como la policía depende del poder ejecutivo, su conducta en el ejercicio de sus funciones está exenta de control judicial. Son actos de gobierno no judiciables, que no pueden ser revisados por quienes no entienden de táctica y estrategia en un operativo". A esa afirmación, nosotros la llamamos garantía de impunidad.

"Los operativos policiales están en manos de especialistas, y no pueden ser juzgados el día después", continuó, no sin acusarnos de "malversar la prueba", y de citar a doctrinarios jurídicos amigos de cuanta dictadura hubo en las pampas, como Bidart Campos, o de traer en su apoyo ni más ni menos que fallos de jueces yanquis, naturalmente favorables a la impunidad policial.

"La policía es el brazo armado del poder político", confesó, "y el que dispone de ese poder político es el poder ejecutivo". ¿Hace falta algo más para probar que la bala que mató a Mariano salió del corazón del estado?

"Había dos sectores, y uno no era muy adicto a los policías, esto se ha visto acá con los testigos. No son amigos de la policía. Se vio en la casa de Tucumán", dijo, en referencia al repudio popular al fallo absolutorio a los desaparecedores de Marita Verón, y dejando claro, por la negativa, que el otro sector sí era "amigo de la policía".

"La policía no tenía que intervenir, porque luego dicen que no se permite manifestar", dijo sin ponerse colorado. "La actitud de la policía federal fue extraordinariamente cauta, porque en vez de no criminalizar la protesta, hacía lo que tenia que hacer, en tolerancia cero del delito, habría tenido que detenerlos, secuestrar elementos y ponerlos a disposición de la justicia. Y no lo hicieron", confesó de nuevo.

Y, cerca del final, lanzó otra provocación: "Estamos en un caso de autopuesta en peligro. Ellos sabían a lo que se exponían. Nadie puede invocar su propia torpeza".

No se asombren, falta seis alegatos policiales todavía.