lunes, 18 de marzo de 2013

Día 64 - La patota se defiende: Díaz y Pipitó (8/3)

1. Pablo Díaz: "La provocación no fue de los ferroviarios".

La mañana comenzó con los alegatos de los Dres. Federico Figueroa, Guillermo Auruccio y Mario Fenzel, abogados de Pablo Díaz, el burócrata que coordinó el ataque y lo dirigió en el lugar. La primera parte empezó con una serie de lamentos para la tribuna por el "indignante asesinato de un joven idealista, militante, socialista", que quedaron olvidados apenas los abogados encararon la tarea de decir lo que fuera para defender a su asistido.

Por turnos, los tres se dedicaron a tratar de convencer de que este juicio fue manipulado políticamente, con el objetivo de destronar a Pedraza. "Desde el inicio", dijo Figueroa, "no se intentó probar el suceso ocurrido, sino que se direccionó la investigación para condenar a perpetua al dirigente Pedraza". Como los anteriores defensores, atribuyó a los acusadores una "imaginación muy particular que carece de sostén probatorio y lógico", como si no hubiera sido su defendido Pablo Díaz el que, como lo vimos en los videos exhibidos una y otra vez, dijera a las cámaras de TV llegando de regreso a Avellaneda: "Fue una escaramuza, los corrimos de las vías... lo que no hacen los jueces y la policía, lo hacemos nosotros".

Siempre en esa línea, el abogado habló de "hipótesis del complot de la burocracia sindical que fue receptado sin ninguna oposición porque permitía diluir la responsabilidad de las altas autoridades volcándola en la personas del gremio"; "esta es una investigación política"; "esa hipótesis la acompañaron los medios, tanto los medios hegemónicos que mienten como los no hegemónicos que no mienten", y así hasta el infinito, sin olvidarse, por supuesto, de quejarse por "la militancia constante que ha rodeado este juicio, al grito pelado de 'perpetua'". La defensa de Díaz no dejó de usar, claro está, el caramelo servido en bandeja que representaron los anuncios periodísticos de una inminente candidatura electoral de Pablo Ferreyra, hermano de Mariano.

Cuando dejaron las quejas, y se adentraron en los hechos, intentaron explicar que todo lo que se puede reprochar a Pablo Díaz es que, como delegado de la UF, "convocó a una protesta social", y trataron de apoyarse en que no estuvo presente en el tumulto. No, claro. Los generales no suelen ir a la cabeza de la infantería.

Continuó el Dr. Auruccio insistió en hablar de un "escenario desgraciado y evitable de los hechos", aprovechando para descargar responsabilidad en la policía, que "no tomó medidas" y en los propios manifestantes "de PO, MTS, Quebracho, SITRAIC, IS, ATE SUR y otros de los se conoce vida y obra, que no se fueron porque no quisieron, y que llevaban mochilas, caños, bombos, gomeras, pancartas, palos, megáfono y rostros tapados con pañuelo". También, ya que estaba, arremetió contra la bonaerense, a la que reprendió por no haber evitado a puro balazo de goma que los compañeros cruzaran hacia la ciudad de Buenos Aires.

El Dr. Fenzel repasó luego muchos testimonios, tratando de desacreditar las claras palabras de cada compañero que declaró, e intentando sacar algo de jugo a los dichos de los hombres de la UF que también declararon. Y, con total descaro frente a las imágenes de los videos que no permiten cambiar lo sucedido, aseguró que, como quisieron justificarlo muchos hombres fieles a la UF, los tercerizados y las organizaciones que los acompañaban "desplegaron una bandera y armaron un cordón humano enfrentando la vía, para volver a tratar de tomarla".

Hasta los periodistas de C5N quedaron integrados al "complot" imaginario que describió el defensor, con "los piqueteros, en forma desafiante, con palos y piedras, incitando a los ferroviarios, que estaban desarmados, a enfrentarse". Y la víctima de esa conspiración del zurdaje, pobre, no resultó otro que Pablo Díaz, "un peón de limpieza, un simple tipo de trabajo"...

Ya acercándose al final, el defensor argumentó que "Mariano Ferreyra, un ferviente luchador social cuya muerte todos lamentamos y nadie justifica, estaba resistiendo, estaba peleando, estaba atacando y estaba acompañado por muchos más que hacían exactamente lo mismo que él, no estuvo en ninguna situación de indefensión", y aseguró: "La provocación no fue de los ferroviarios. Los ferroviarios marcharon sobre las vías. La provocación fue de los manifestantes. Quisieron cortar las vías, tiraron piedras, lograron por corto tiempo su cometido y lesionaron ferroviarios. Fue un enfrentamiento no provocado por los ferroviarios".

Después de concluir que absolutamente todos los testigos, tanto manifestantes como ocasionales transeúntes y vecinos, mintieron deliberadamente para perjudicar a la pobre patota y sus jefes, el defensor de Pablo Díaz trató de explicar que no escuchamos lo que todos oímos cuando se pasaron en la sala los audios de las llamadas telefónicas posteriores al crimen. "Esas intervenciones telefónicas son ilegales, su finalidad era detener a Pablo Díaz. La finalidad era escucharlo. Justicia moderna. Investigación moderna. Investigación de perezosos. Investigación de violadores de normas constitucionales. Y eso es lo que se hace cuando no saben trabajar, o no quieren trabajar, y es lo que hicieron"

Finalmente, y tras articular un montón de nulidades, el Dr. Fenzel se dio cuenta que un solo detalle no cerraba en su relato: hay un compañero asesinado con un tiro en el abdomen, y otros tres con heridas de bala. Entonces, decidió plantear que fue un "homicidio en riña", y pidió la absolución de su cliente...

"En el juicio de Nüremberg el fiscal de Rusia decía que la presunción de inocencia era un prejuicio burgués", cerró, antes de suplicar a los jueces que "no se dejen presionar". El problema para Pablo Díaz y sus defensores es que la presión la ponen los hechos probados, que claman a gritos por su condena.

2. Francisco Pipitó: El estado defiende a la patota.

Los defensores de Pedraza, Fernández y Díaz, todos abogados particulares contratados para ese trabajo, se quedaron cortos frente al alegato del defensor oficial Claudio Armando, que defiende a Francisco Pipitó, el hombre que junto a González se ocupó de intimidar a los periodistas para que no filmaran el ataque. Con un grado de convicción y compromiso con su defendido y sus jefes sobresaliente, el representante del Ministerio Público de la Defensa ni siquiera planteó, como sí lo hizo al inicio del juicio, su nada original teoría de los dos demonios. Directamente sostuvo que la patota fue víctima del accionar criminal de Mariano y sus compañeros, que contaron con el apoyo cómplice de la jueza de instrucción, que no investigó los delitos que ellos cometieron, y encarceló injustamente a los inocentes patoteros.

Con énfasis, y mostrando con recursos audiovisuales adónde van los recursos públicos, se metió de lleno a defender a la patota en su conjunto, incluidos los tiradores Favale y Sánchez, y tratando de mostrar que los disparos no fueron a matar, sino al aire o al piso. A pesar de su excelente discurso y su refinada ironía, como cuando afirmó: "traje un complejo elemento técnico para demostrar el ángulo de los disparos, un transportador de los que se usan en el primario", de nuevo hubo un detalle que su argumentación no pudo explicar. No pudo descifrar cómo fue que, sin apuntar al cuerpo, un disparo pegó en el abdomen de Mariano, otro en la cabeza de Elsa y otros tres en muslos y glúteo de Nelson y Ariel.

Como los demás abogados de la patota, habló de presiones, intencionalidad política y manipulación. Sólo que, en su caso, lo hizo cobrando un sueldo del estado. Trató de desacreditar el testimonio frontal y espontáneo de la periodista Gabriela Carchak acusándola de querer "cinco minutos de fama, ella es movilera, pero gracias a su historia logró salir en pantalla desde el piso, como entrevistada".

"El reclamo (de Pipitó y González a los periodistas) no fue para que no se filmara, sino para que se escuchara la voz de los ferroviarios", reivindicó el Dr. Armando, yendo así más lejos en la defensa que los propios abogados contratados por la Unión Ferroviaria. Con el mismo estilo, aseveró que la posta de escopeta que hirió a Nelson Aguirre en el glúteo, cuando se dio vuelta después de recibir el disparo de frente en el muslo para advertir a sus compañeros que tiraban con plomo, "provino de una tumbera" de los mismos manifestantes; tildó de mentiroso a Omar Merino, que vio un cartucho rojo de escopeta en el piso (que luego "desapareció", y omitió mencionar a José "Cacho" Andino, el compañero del MTR que, desde su primera declaración, viene denunciando que uno de los ferroviarios portaba una escopeta de caño recortado.

Para contar brevemente una larga historia, una verdadera defensa oficial.