viernes, 21 de diciembre de 2012

Día 51 - No vino el fin del mundo, pero algunos tienen cara de apocalipsis. (21/12)

¿Y dónde están los testigos de las defensas?
La primera cuestión que se abordó en la audiencia de hoy fue la imposibilidad, a pesar de los esfuerzos del personal del tribunal, de ubicar a Humberto Martínez y José "Dinamita" Pérez, los únicos testigos pendientes. Martínez es el secretario general de la seccional sur de la Unión Ferroviaria, fue ofrecido por la defensa de Pedraza, y de repente desapareció después que, hace un par de jornadas, un congresal alejado de la Lista Verde, Germán Aguirre, contó que lo escuchó decir "yo, lo que agarro, lo tiro para arriba", en relación al porcentaje del salario de los trabajadores con que se quedaba. "Dinamita" es otro ferroviario que, según relató el periodista Diego Rojas, le contó con detalle la forma en que Favale llegó a Pablo Díaz y cómo lo vio, antes del 20 de octubre de 2010, actuar como su guardaespaldas, entre otras cuestiones igualmente reveladoras.Quien insistió en traerlo fue la defensora oficial de Favale, pero, como Martínez, hace varios días que no atiende ningún teléfono. El tribunal decidió evaluar si los manda buscar con la fuerza pública.

El que sí vino fue el policía federal Martín Hugo Sánchez, pedido por la defensora oficial de Favale que sigue buscando alguna forma de invalidar la forma en que, a partir de una llamada anónima, se llegó a identificar a "Harry". Como ocurrió en su momento con la jefa de Sánchez, la comisaria Dávolos, el policía no se acordaba de nada, y en breves minutos el presidente lo despidió con el habitual "su declaración ha terminado".

"La verdad... no sabría decirle..."
Ésta fue la frase más repetida en la corta declaración de Adrián Leonardo González Juárez, un ferroviario de los Talleres de Escalada aportado por el abogado Fenzel, defensor de Pablo Díaz. Es curioso que este hombre apenas apareciera hoy, ya sobre el final de la recepción de testimonios (estaba previsto para mucho antes, pero fue difícil encontrarlo), y que nunca fuera ofrecido para declarar en la instrucción. Porque González Juárez es el testigo "estrella" del que habló Fernández con uno de sus subordinados apenas después del asesinato, como quien iba a declarar que vio a un tirador en la columna de tercerizados y militantes. A pesar de que tenía algo tan importante para decir, recién hoy vino, y, a tenor de sus respuestas, sin demasiado entusiasmo.

Contó que el 20 de octubre de 2010, el delegado de su sector, Miguel Toretta, lo convocó a ir a Avellaneda "a hacer presentismo" (sic) "para ir y estar parados en las vías así no cortaban". Reconoció que unos 40 a 50 hombres dejaron el taller con el propósito de ir a impedir la manifestación de los tercerizados y que caminaron desde la estación Avellaneda hasta el puente Bosch sobre las vías, a la par de "una multitud caminando, con palos, tapadas las caras". Mintió descaradamente ya cuando llegó al intento de subida a las vías, que como tantos compañeros lo acreditaron, y como se ve en los videos y fotos, sólo fue logrado por un puñadito de compañeros que tuvieron que bajar enseguida por la lluvia de piedras de la patota. En cambio, él dijo que "como 20 o 30 de los otros subieron hacia las vías y nos empiezan a tirar piedras, mientras de los costados venían gomerazos, nosotros respondimos con las piedras de las vías". A pesar de la mentira, reconoció que "Se logra que se vayan una o dos cuadras y nosotros nos quedamos parados ahí, sobre el terraplén en el puentecito".

Luego repitió la historia que ya oímos de algunos integrantes de la patota de que bajaron a buscar sombra y gaseosas porque hacía mucho calor, y que, "Entre una y media y dos se ve de la parte de ellos que se levanta una pancarta y venían hacia las vías, alguien dice vamos a ganar una cuadra para que no se vengan. Caminamos una cuadra. Frenamos y en minutos empezó de nuevo lo de las piedras, palazos. Escuché unos ruidos, como cohetes o disparos, y mis compañeros retrocedieron gritando que estaban disparando".

Ahí llegó al momento que las defensas esperaban: "Sobre una esquina veo un muchacho arrodillado o inclinado, con una mochila negra. Metía la mano en la mochila y nos apuntaba con algo". Pero, para desesperación del abogado Fenzel que lo interrogaba, no pudo dar más datos. En cambio, puso nerviosas a las defensas policiales cuando agradeció la ayuda policial, porque, dijo, "Había dos patrulleros en una esquina, que después que pasamos nosotros de vuelta se movieron y cortaron la calle para que los otros no pasaran. Enseguida llegó el camión hidrante, y nosotros nos fuimos".

El problema para los defensores fue que, cuando se le exhibieron el video de C5N, donde se ve con claridad que los compañeros están a más de 300 metros y caminando hacia Vélez Sársfield, y se ubicó en el momento y lugar que el "testigo estrella" había dicho que estaba (frente al portón enrejado de Chevalier), no hubo manera de que se puediera acomodar nada de su relato con lo que se veía en la pantalla.

Al final, terminó diciendo que no reconocía a nadie en el video, que no se vió él, y, cuando se le puso espeso, recurrió al "no sabría decirle", que repitió unas 10 veces.

La hipocresía no oculta la mentira
Recuperado, aparentemente, de su "bajón" de la audiencia pasada, hoy sí declaró Francisco Pipitó, uno de los encargados de apartar del camino a la indiscreta periodista Carchak, su camarógrafo y su asistente. Aunque se ve que su defensor lo había aleccionado para que se hiciera el buenito, no se disimula así nomás lo que uno decide ser en la vida. Y a pesar de que trató de emocionarse al defender su inocencia, lo cierto es que no pudo resistir que saliera a la luz su tono de patotero, y que se le desviara la mirada amenazante, varias veces, hacia el sector de las querellas.

Se negó a recibir preguntas de nadie salvo su abogado, que tampoco se esforzó mucho en interrogarlo, porque, en verdad, cuanto más hablaba, menos creíble resultaba. "Yo estaba con parte de enfermo, con una licencia para hacer cura de sueño porque tenía muchas actividades además del trabajo en el ferrocarril, y dormía poco y mal. Ese día pasé por Lomas a buscar una carta para la comisión de reclamos y me fui a Constitución. En el entrepiso pregunté por Pablo Díaz para dejar la carta, pero no estaba, dejé la carta y ahí me enteré que iba a haber un corte. Tenía que ir al médico. Al volver, cuando el tren llegó a Avellaneda vi gente conocida, así que bajé y me quedé. Caminamos por las vías, estaban Pablo, Amuchástegui y otros que no conozco de nombre. Abajo iban los manifestantes PO. A unos 50 metros se ve que sube gente y tiran piedras, duró unos 5 o 10 minutos, porque abajo intervino la policía y arriba del puente vino la infantería. Bajé con dos de seguridad del tren a comprar gaseosas a la estación Yrigoyen, serían las 12. Después me quedé abajo por el calor, charlando con gente y tomando las gaseosas. De pronto dicen 'ahí vienen, vamos a correr' y salieron todos corriendo, yo también. Nunca vi que los otros vinieran, yo me sumé a la corrida, pero paré porque me canso por el cigarrillo. Vi la gente con la cámara, lo vi a González que le recriminaba al camarógrafo que siempre les dan prensa a ellos y no a nosotros, vino la periodista, hablamos, ella nos dice que tiene un micrófono para hablar, yo no la amenacé ni les hice nada". ,

“Estoy acá por una mentira”, dijo levantando la voz, y quiso conmover hablando de su hija. Cuando remató con un patético: "Hace dos años y medio que no la veo", Beatriz, la mamá de Mariano, murmuró: "Yo al mío no lo voy a ver nunca más".

Si esa declaración era la estrategia de defensa de Pipitó, mejor se hubiera quedado callado.

Las escuchas
El presidente del tribunal dio por terminada la etapa de recepción de testimonios, con la excepción de los dos "buscados", y comenzó la incorporación de los fragmentos de escuchas telefónicas más significativos, seleccionados por las querellas y la fiscalía. Sonó en la sala la voz del "Gallego" Fernández, antes de su detención, dando instrucciones: "No te hagás el pijardo, vos declará lo que te digan los abogados" (24 de octubre de 2010 a Amuchástegui). O preocupado, el día de la detención de Pablo Díaz, porque "declaró ese boludo", en referencia a Favale.

Por lejos, cuando más tenso se puso el ambiente fue cuando se escuchó el diálogo del Gallego con Antonio Luna, subsecretario de Transporte puesto por Pedraza:
Luna: “¿En qué te puedo ayudar yo?”.
Fernández:: “En explicarlo a los… a tus colegas del gobierno … si llega a seguir todo así, llevándose ferroviarios y acusando al pedo esto va a terminar en que le vamos a parar todos los trenes”.
Luna: “Mañana me encargo de hablar con Schiavi”.

O con el que sostuvo el Gallego Fernández con un funcionario del ministerio de Trabajo, que lo llamó por el paro de la línea Roca cuando fue detenido Pablo Díaz. Fernández trató de justificar: "...es que los muchachos se pusieron locos por la detención del pibe éste..." y el funcionario Ricardo Octavio le preguntó: "¿Te conviene que aplique la ley o no hacemos nada?", en referencia a la conciliación obligatoria. Y siguió "Por más que aplique la ley es una cuestión de hecho y la puta que lo parió, yo me cago en la ley ante una situación de éstas". Un dialoguito entre amigos, donde queda bien claro que la ley es lo que a ellos les convenga que sea.

Después siguieron otras con varios de sus subordinados, ordenando que "nadie haga nada", o que, si no lo ubicaban a él, "consulten con Karina [Benemérito] o Maldonado"; o, finalmente, organizando reuniones de los abogados "con los muchachos, para calmarlos".


El próximo viernes, 28 de diciembre, seguiremos deleitándonos con las escuchas telefónicas. Luego habrá un receso hasta el 15, 16 y 17 de enero para terminar con cuestiones pendientes, como la inspección ocular y alguna indagatoria, si es que deciden hablar. Y el 4 de febrero de 2013 comenzará la etapa de los alegatos.

Para sorpresa de los esotéricos, hoy no llegó el fin del mundo. Pero a juzgar por los rictus amargos de algunas caras, como la del profesor Freeland, para algunos ya se terminó.