sábado, 15 de diciembre de 2012

Día 48- Una misma arma y dos morales (11/12)

"Las declaraciones de los testigos NO SON ABSURDAS. El orificio de entrada de la bala que mató a Mariano respalda lo que todos dijeron sobre la posición del tirador, la distancia y la ubicación de la víctima."

Esta conclusión ha sido unánime. No hubo un solo perito que tachara de ilógicas las versiones que sirvieron para reconstruir el crímen. Las últimas audiencias registran las declaraciones de los diferentes peritos balísticos. Oficiales y de parte, todos coinciden en que quien disparó sobre Mariano Ferreyra, lo hizo también sobre Elsa Rodríguez. Todos coinciden en que el primero fue un disparo con un rebote tangencial, es decir, rozó apenas el piso, no con la ojiva (la punta) sino con el cuerpo del proyectil, y subió hacia el abdomen de Mariano.

Que esto haya ocurrido no excluye la intención de matar que tuvo quien disparó. Por el contrario, al ubicar la posición del tirador y de la víctima, todos los peritos coincidieron en la veracidad de los testigos del asesinato que fueron ubicando a uno y otro.

Pero con excepción del perito Carlos Rodríguez Ganduglia (perito propuesto por las defensas de Pipitó y Sánchez), para quien, según un cálculo esotérico que hizo sonreir a todos los que saben contar, la distancia de tiro podía estar a 4 metros y el disparo habría hacia el piso, todos los otros que desfilaron en esta audiencia, refieren la necesidad de distancia como determinante.

Así pasaron los de gendarmería, como la 1ª Alférez María Silvina Lastretti, quien hizo hincapié en los restos de minerales hallados en el proyectil, reveladores de su impacto contra el asfalto irregular y de las rayaduras longitudinales que exhibía lo que describía también una parábola larga que implica distancia. Luego la perito de las defensas, Cristina Vázquez, que tuvo que admitir que la boca de fuego debía estar apuntando a menos de 30º (lo que revela también la intención de quiéen dispara casi en forma recta hacia la víctima). Para desesperación de la defensa, ante la pregunta del tribunal sobre el radio de amplitud que alcanza a desviar el rebote del proyectil, la perito sostuvo "un abanico de no más de 5 metros" lo que no difiere en cuanto al resultado mortal, cuando se dispara sobre un blanco constituido por varias personas.

El perito Ángel Martí, también de parte, ex gendarme, venía bien. Su descripción coincidía con la de varios peritos. Hasta que, inducido por las defensas, desesperadas por introducir la alocada versión de que la bala pudo impactar en una pared, contestó que sí y ante las precisiones requeridas por el tribunal -que pareció desconfiar seriamente- reconoció que eso era improbable. "Sea prudente entonces" refirió el presidente del tribunal, "le recuerdo que está declarando bajo juramento" insistió el juez.

"Entre la boca de fuego y la víctima había entre 30 y 50 metros" así se expidió la experta Silvia Viviana Buffarini, por lejos la más precisa y solvente de todas las declaraciones periciales recogidas. Dando por tierra con el argumento del disparo sobre el piso o sobre una pared, refirió que "si se baja el ángulo de disparo, es decir si el cañón está a más de 30º, el rebote se eleva más, y el orificio de entrada en el cuerpo de Mariano reveló lo contrario".

La bala que mató a Mariano salió del mismo arma que intentó matar a Elsa. Todos coincidieron en que el alcance máximo de un 38 specialllega a los 200 a 250 metros. A Elsa intentaron matarla a menor distancia que esa, 180 metros. También coincidieron todos los peritos en que la posta extraída del glúteo de Nelson Aguirre es de las que se denominadas "propósito general", es decir, las de los cartuchos rojos de escopeta, no los verdes "antidisturbios", de goma. Salió de un caño de escopeta, aunque las defensas alientan la posibilidad de haber salido de una tumbera de fabricación casera. La perito Buffarini fue contundente: nadie puede determinar de qué arma salió. Lo importante, sin embargo, no es eso, sino la propia versión de Nelson, la víctima del intento de homicidio, que refirió que recició el disparo cuando se dio vuelta para escapar de los tiradores. Y los tiradores estaban entre los imputados. Favale fue uno, Sánchez el otro, tal vez por eso su mendaz perito Ganduglia, deba ahora procurarse una buena defensa. Como Locles, el perito del imputado Uño, que no declarará en este juicio por estar sometido a proceso al haber intentado modificar la bala que mató a Mariano. La defensa debería saber que la carne podrida no alimenta.

Marita Verón y Mariano Ferreyra, la impunidad es la auténtica violencia.

Promediando la audiencia, el abogado defensor del gallego Fernández, el ya patético profesor Freeland, expuso su presunta preocupación por los hechos registrados el día anterior ante la casa de la provincia de
Tucumán, motivados en la bochornosa sentencia absolutoria del crimen del poder tucumano. Pidió, entonces, que se agregaran como prueba para este juicio los videos de TN, para demostrar que (los representados por las querellas) "vienen como candorosos e inocentes a este juicio y son los que provocan y van armados a todas las manifestaciones". Y exigió que las querellas garanticen que no van a hacer lo mismo cuando salga la sentencia de este proceso. La respuesta de nuestro compañero Ismael Jalil no se hizo esperar: desde la denuncia de la chicana picapleitera hasta el rechazo de cualquier exigencia por ausencia de autoridad moral del delirante defensor, pasando por refrescar la muerte de 68 compañeros en la represión de la protesta social - todos del mismo lado- y la conciencia de que el juicio no es por un enfrentamiento entre dos bandos, sino contra la impunidad de un crímen cometido por el privilegio y en contra de los que luchan.

Un Freeland desbocado, muy parecido a un personaje de Capusotto, esperó al compañero afuera del Tribunal y entre insultos histéricos le hizo el más bello elogio que podamos recibir: "Mi moral no es la de uds.", gritaba. Es cierto, profesor. Muy cierto.