miércoles, 21 de noviembre de 2012

Día 42 - En el país del no me acueeeerdooo…(20/11)

En la jornada de hoy, además de un par de bloopers de la fiscalía, que convocó dos policías de la comisaría 30ª que dejaron su servicio a las 12:00 del 20 de octubre de 2010, es decir, no estuvieron en el lugar y la hora del crimen, nos adentramos en el PAÍS DEL NO ME ACUERDO. Sólo que, en lugar de María Elena Walsh, asistimos al concierto de Los Niños Cantores de Azul.

Por un lado, declararon los policías Lucas Damián Evaristo Varas, Pablo Ramón Donato y Guillermo Andrés Houlet, choferes, respectivamente, de los móviles 430, 130 y 230 de la comisaría de Barracas. Los tres cantaron más o menos la misma historia, después de aclarar, en las generales de la ley, que Rolando César Garay, uno de los imputados, era “su” subcomisario.

La canción de los choferes empezó con el arribo a Pedro de Luján y el puente Bosch, alrededor de las 12:00, “desplazados a raíz de incidencias”. Ninguno sabía entonces, ni se preocupó por averiguar después, en qué consistieron las “incidencias” o quiénes las protagonizaron.

Todos recordaron que estacionaron los móviles, pero ninguno pudo decir con precisión donde.“Mirando hacia el puente, no recuerdo si junto a la vereda”; que, un rato después, los oficiales a cargo de los móviles –uno de ellos, y el de mayor grado en el momento, Garay- ordenaron ponerlos a 45º. Vieron gente arriba de las vías, con ropa de trabajo, pero no preguntaron quiénes eran ni saben qué hacían allí. Uno dijo que se les ordenó quedarse en el lugar y “resguardar el material rodante”. El tono de manual de instrucción policial enervó al juez Días, que lo interrumpió: “¿Qué material rodante, el patrullero?”, y ante el asentimiento del policía, le sacudió: “Entonces diga cuidar el auto, hombre”. Otro, en cambio, dijo que la orden era “quedarse ahí y observar”. El tercero, directamente no recordó que le hayan ordenado nada.

También hablaron los tres del otro grupo de personas, con pancartas, que estaban más cerca de la calle santa María del Buen Ayre cuando ellos llegaron, y se fueron retirando hacia Vélez Sársfield, aunque, notablemente, en la hora y pico desde que llegaron, ninguno advirtió que se alejaron unas tres cuadras, que se sentaron a comer y conversar, que hicieron notas con los periodistas de C5N ni que, terminada la asamblea, retomaron la marcha para desconcentrarse hacia la avenida.

El estribillo de la canción de los choferes, en perfecto y armonioso coro, fue el siguiente: “En eso los del terraplén se bajan y caminando fuerte o corriendo nos sobrepasan. Eran más de 100. Nos ordenaron seguirlos con los móviles, íbamos a paso de hombre, hicimos unos 20 metros y los vemos que vuelven corriendo para el otro lado, nos vuelven a sobrepasar hacia las vías y se dispersan. Fue cuestión de minutos”.
No oyeron disparos, no oyeron golpes, no oyeron vidrios rompiéndose. Apenas si “gritos e insultos entre los dos grupos”.

Cuando el grupo de las vías se “dispersó”, se bajaron de los móviles, apenas cruzando Santa María del Buen Ayre (que está a dos cuadras de Perdriel, la esquina donde los compañeros se plantaron en el cordón a resistir el ataque para que el resto pudiera retroceder). Ahí vieron “al otro grupo de gente a unos metros del patrullero, nos quedamos ahí para que no pasaran, y no pasaron”, dijo uno orgulloso.

Contrariando las imágenes de los videos, los testimonios imparciales de los comerciantes y vecinos de la cuadra, y, por supuesto, los de todos los compañeros que reconstruyeron el hecho, ninguno vio la ambulancia, ninguno vio heridos ni escuchó hablar de gente lesionada, salvo uno que, dijo, “supe de un muchacho herido a los minutos de que los vuelven a sobrepasar porque viene uno que le muestra al subcomisario con los pantalones bajos, yo no lo vi”.

Uno de los tres quiso cantar más alto que lo que le da el registro, y agregó a la historia común que los de la lista verde “volvían corriendo porque los otros los perseguían”, pero terminó admitiendo que, en realidad, cuando se dispersaron los que estaban sobre las vías tras sobrepasarlos de nuevo, el grupo de manifestantes estaba a 200 metros de distancia…

En resumen, no recordaron la posición de los patrulleros; no recordaron qué órdenes se les dieron; no recordaron cuántos patrulleros había en total; no recordaron si había periodistas; no recordaron los disparos; no recordaron los heridos; no recordaron a qué hora se fueron, ni qué hicieron en la más de dos horas –como mínimo- que estuvieron en el lugar, salvo correr los patrulleros y moverlos 20 metros hacia delante.

Por otra parte, declaró el comisario Roberto Ezequiel Brondo, de la División de Planificación de Servicios de Reuniones Públicas. Otro que no se acordaba de nada, hasta que le mostraron la orden de servicio, con su firma y sello, disponiendo, con fecha 19 de octubre de 2010 el operativo “de contención” para la jornada del 20 en Avellaneda.

No recordó si a él le avisó la División Roca o la Superintendencia de Transportes; no tenía información de la posible presencia de ferroviarios para impedir el corte; recordó otros hechos con características similares, pero no supo si fueron anteriores o posteriores.

Por más que trató de ser solidario con sus camaradas enjuiciados, tampoco come vidrio, así que hizo la apología del diálogo, la prevención “por mera presencia”, la protección de los más vulnerables… todo lo que hace la policía, ¿no les parece?

Con todo, mandó a los tres comisarios (Lompizano, Mansilla y Ferreyra) con pitos y cadenas cuando dijo “El superior presente en el lugar es el que debe ocuparse de que se cumpla la orden de servicio, el de mayor jerarquía. Pero ante el conocimiento de que se incumple una orden la sala de situación debe intervenir”.

Su discurso de la convivencia y el buen trato desató el interrogatorio del abogado Freeland, que quiso saber si organizaciones como el PO, Quebracho o el MTR son dóciles, si se puede dialogar con ellos, si llevan armas a las movilizaciones. A su turno, Mariano Maciel, el defensor del subcomisario Garay, quiso justificar que el “pobrecito” del subcomisario Garay no podría haber evitado el ataque, comparando las fuerzas de las que disponía con los operativos conjuntos de gendarmería, prefectura, bonaerense y federal que se despliegan en cada corte del Puente Pueyrredón. Hizo falta que le preguntáramos nosotros si es posible comparar un corte del Puente Pueyrredón con el del Puente Bosch… Para desgracia de Garay, el comisario casi se ríe: “No es lo mismo, claro”.

Jornada, en definitiva, no muy feliz para los azules, que ya no sonríen tanto durante las audiencias.