domingo, 18 de noviembre de 2012

Día 40 - Mirar, modular, matar y mentir (15/11)

Mirar, modular, matar y mentir: la División Roca de PFA.

Confirmando lo previsible, vinieron resueltos a despejar su connivencia. Pero ni las poses actorales de un jefe canchero, ni las respuestas "sí señor, no señor" de una brigada oscura, les alcanzó. Sabían que podían autoincriminarse.

La División Roca de la Policía Federal tiene a su cargo la seguridad y control de todo lo que ocurre alrededor del transporte ferroviario en la zona sur del conurbano. Es de prever que, frente a un hecho de la magnitud como el que se llevó la vida de Mariano Ferreyra y la integridad física de varios compañeros más, la mira iba a estar puesta en su accionar.

Por eso, cuando llegó a la sala el Comisario Marcos Andrés Brousson, sonriendo y saludando con aspecto de candidato a presidente de EEUU, todos intuimos que había que estar atentos. El sonriente comisario contó que, al tiempo del crimen, era el jefe del Dpto. Brigadas y Eventos de Transporte. Algo así como la logística de la Superintendencia. Su actuación se circunscribía a estaciones ferroviarias y formaciones "todo lo atinente a la seguridad estática y dinámica" según sus propios dichos. Suplantaba al imputado Mansilla y en ocasiones se sumaba a él para colaborar con el servicio, "como hice ese día. Ya habíamos estado con la misma gente del corte en otra ocasión. Eran tercerizados de vía y obra. Fui sin que nadie me convocara pues yo sabía del corte por las órdenes que habían llegado el día anterior" .
Contó que al llegar a la estación a eso de las 10:00, "me encontré con los imputados Mansilla que era el jefe de control de vías, Ferreyra que era el jefe de la División Roca y Fiscalizador y el fallecido Subcomisario Premuda, junto a una fuerza de Servicios Especiales en Carrefour. Había además un hidrante, un Puma y dos grupos de combate y un hombre de video cámara al hombro. Seguramente había brigada pero como no estaban uniformados no puedo situarlas. Yo estaba de civil."

Repasó lo que ya se sabe: "Llegaron los de la UF, que era un grupo numeroso y desde el andén Este pude observar un altercado o confrontación a la altura del Puente Bosch (pedradas y esas cosas)". Dijo que se preparó a la gente de Servicios Especiales "y nosotros fuimos hasta el lugar. Los tercerizados se retiraron por Luján a una distancia que no podía precisar y que además se impedía la visión por las copas de los árboles". Esta curiosa circunstancia será reiterada varias veces por este comisario. Sin embargo dijo: "Sabíamos que estaban por allá por que de alguna manera estaban. Supongo que por esas cuestiones como modulaciones por ejemplo, yo sabía que estaban.".

Vio gente de la comisaría 30ª y " un patrullero que se hallaba medio cruzado con una parte sobre la vereda , por Luján a unos 50 mts. de las vías en las que yo estaba parado junto a los de la UF. Llegó entonces otro grupo desde Yrigoyen, se sumaron a los ferroviarios, se saludaron y algunos bajaron. Así como supe en su momento que Mansilla ordenó hacer cesar la pedrada en Bosch, ahora vi a la gente de la comisaría 30ª que seguramente, supongo, vino por las modulaciones. Habremos estado hora u hora y media. Más o menos a quince minutos del arribo de los de la estación Yrigoyen gritan 'vamos vamos' y se produjo una corrida que por la copa de los árboles se perdió sobre la calle Luján. Fue un grupo no todos los ferroviarios. Entiendan que no tenía visualización, me lo impedían las copas de los árboles" reiteró.

No obstante volvió a suponer: "Al ratito regresan, fueron por una bravuconada, como una embestida, una corrida pretendiendo alejar a los otros", dice con el mismo léxico que usaron otros integrantes de la patota agresora. Pero eso sí, no olvidó cubrir a su compañero: "Mansilla moduló ahí que estaban bajando del terraplén". Luego contó que la gente volvió tranquilamente, que se fueron del lugar hacia Avellaneda, que ellos no se enteraron de nada hasta que llegó a su oficina en Constitución, donde recién se enteró de lo ocurrido.

Pero hay dos detalles que comprometen seriamente a los jefes. El primero es una decidida mentira intentando correrse torpemente de responsabilidad al decir que no mantuvieron charla con ningún ferroviario sobre las vías durante la hora y media que allí estuvieron, siendo ellos los protagonistas fundamentales toda vez que se encontraban sobre las vías y ésa es tarea específica de su propia división. La otra confirma la certeza que justifica nuestra acusación a los policías como coautores funcionales del crimen: "Antes de la corrida, pero con los ferroviarios abajo, Mansilla ordenó a la fuerza especial su traslado a Constitución previendo que los tercerizados fueran a cortar boleterías. Cuando se produce la agresión hacía un rato que los servicios especiales no estaban en el lugar y los ferroviarios estaban abajo" . Otra prestación imprescindible a la hora de acometer con la bravuconada.

Confirmó que usaron el POC , el sistema de telefonía celular de la policía se utiliza eventualmente cuando no hay trunking (handy) y que se equivocó cuando declaró minutos antes que el jefe era el fallecido subcomisario Premuda y no Ferreyra, ante la evidente contradicción que se instaló con su cotejo en lo dicho ante la instrucción. "¿Me habré confundido con lo que declaré acá?" dijo, pero, ahora, sin sonreír.

Los tres tristes tigres de la brigada... (hasta que uno se olvidó la letra)

El sargento Edgardo Gabriel Barberán, el inspector Gastón Marcelo Domecq y el subcomisario Carlos Dante Farías integraban en 2010 la Brigada de la División Roca de la PFA. Eran sus únicos tres componentes, de civil los tres, los tres dirigidos por los comisarios Ferreyra y Mansilla, conocedores de Pablo Díaz los tres, le adjudicaban al hombre de Fernández en las vías un rol determinante.

Los tres para todos lados, juntitos, muy juntitos (igual que, juntitos, fueron elegidos para jugar de "testigos", junto a Mansilla y Ferreyra, en cuatro causas iniciadas después del asesinato de Mariano contra compañeros de causa Ferroviaria, la Bordó, vendedores ambulantes y militantes de organizaciones, como el PO y la TPR, para intimidar a quienes sí fueron testigos de su participación criminal el 20 de octubre).

Mentirosos los tres, pero no por ayudar a la patota ahora (lo hicieron ese día) sino por temor a autoincriminarse... los tres.

El relato que inició el sargento puede adjudicarse a cualquiera de los otros dos. Llegó a las 8 a la estación Avellaneda. Ignoraba que se movilizarían los ferroviarios, aunque lo extraño es que, mientras sus jefes le ordenaron seguir a los tercerizados que se fueron del andén, nada ocurrió cuando llegaron los ferroviarios, en grupo nutrido, desde los trenes, copando el andén...lo que da cuenta de por quiénes tomaron partido.

"Los tres fuimos a ver quiénes eran, pero se fueron cuando llegamos. Los seguimos a la calle mientras los jefes se quedaron en la estación. Los seguíamos de lejos, detrás de la bonaerense, por la calle. Los tercerizados, con hombres y mujeres, caminaron al lado de las vías, los ferroviarios arriba de las vías, caminaban a la par. Se dieron cuenta de que se empezaron a insultar, pero no comunicaron nada a sus jefes. Al llegar al Puente Bosch, vieron la pedrada de arriba hacia abajo, pero no pudieron precisar detalles porque estábamos a una cuadra".

Los tres subieron el terraplén. El sargento dijo que Farías le ordenó "sacarlos (a los ferroviarios) de ahí para hacer cesar la pedrada. Supongo que la orden, a él, se la dieron los jefes. Vi también un grupo de servicios especiales intentando correr a los ferroviarios que tiraban piedras. Pasó el tiempo y algunos trenes pasaron también. Estaba la infantería al mando de Ferreyra y Premuda, el primero dirigía el operativo. Al rato llegaron dos o tres patrulleros y empezaron a correr a los de abajo que se terminan yendo por Luján hacia el oeste unas tres o cuatro cuadras. Se los podía ver", dijo, a diferencia de su superior, Brousson.

"Nadie nos dio la orden de quitarlos del lugar. Lo único que hacíamos era pedir que no bajen", contradijo, de nuevo, a Brousson. "Bajamos para ver qué pasaba y vimos a los patrulleros que ya no cortaban la calle. Estuvimos en la esquina y después volvimos, unos 20 minutos habrá sido. Volvemos y entonces llega el otro grupo (por Favale) recibidos por los ferroviarios como contentos al grito de ¡Vamos Vamos!. Bajan a la calle, calculo que los jefes ven todo ese movimiento aunque de los superiores no escuché nada. Salvo mi jefe directo Farías (uno de los trillizos) que decía ¡no bajen! Y yo hice lo mismo... pero algunos bajaron y fueron a correr a los chicos, a los manifestantes. No recibí ninguna orden. Seguíamos con la orden de no ir a ningún lado. Después volvieron. Bajamos al lugar dónde ocurrieron los hechos y vimos que algo había pasado. La gente de Chevalier gritando puteando, piedras y vidrios por todos lados, vi una ambulancia aunque no escuché disparos. No recibí órdenes de detener a ninguna persona".

Hasta aquí, el relato del sargento coincide con el del inspector Domecq. Aunque las explicaciones que dieron se diferencian claramente: mientras Barberán dice que bajó para ver dónde estaban los manifestantes, Domecq dice que él bajó por su condición de policía para ver en qué podía ayudar a los de la 30ª, pero después de la corrida. No convenció al tribunal, que lógicamente le preguntó si por la misma condición no debió haber bajado antes de la corrida para evitarla.

Para tener en cuenta de este relato consensuado: dijo el inspector Domecq que "Se intentó que los ferroviarios no bajen, nos puteaban y bajaron. Con la gente que había en el lugar era imposible que no bajen, nos sobrepasaban en gente...". Si esto era evidente para un sargento o un inspector ... ¿por qué los jefes se deshicieron del Servicio Especial antes del ataque como dijo su superior Brousson?¿ Qué lógica aplicó la División Roca sino la de la participación decisiva en el crimen?.

Pero algo muy curioso sucedió cuando, detrás del inspector Domecq, vino a declarar su jefe Farías. Después de contar prácticamente lo mismo, el subcomisario Farías olvidó algo esencial: "No recuerdo si bajé a ver lo que había pasado" ,dijo, muy suelto de cuerpo, para referirse a un hecho que -como bien le señaló uno de los jueces- había costado la vida de un joven. Es más, dijo que pudo haber sido que haya vuelto a Constitución y después desde allí volver a Barracaspara enterarse de los hechos. Su respuesta no se condice con la de los otros dos del trío, por ejemplo Domecq, quien muy firme sostuvo: "Con Barberán y Farías yo fui a ver qué había pasado y todo era un desastre con autos rotos, ambulancias, puteadas de la Chevallier, vidrios rotos... hasta que el jefe Premuda nos ordenó levantar el servicio. Entonces regresamos y cuando llegamos a Constitución nos enteramos lo que había sucedido". De todo esto, reconocieron los tres tristes tigres, que nunca reportaron nada...

En segundo plano quedó que la Brigada...-sí , justo la Brigada- no posee Trunking, es decir, el único sistema de comunicación que deja grabadas las modulaciones.

Si alguna duda quedaba sobre el aporte fundamental de la policía en la ejecución del plan común, estas trillizas declaraciones vinieron a corroborarlo. No sólo ellos no hicieron cosas, además dejaron a otros hacer otras.

"Policía que habla por POC sabe que no queda grabado, policía que habla por trunking sabe que queda grabado".

La jornada había comenzado con la declaración del comisario inspector Rodolfo Valentín Alí, que después de los hechos y hasta el verano pasado, fue jefe de la Dirección General de Operaciones, que, desde su Sala de Situación, dirige la actividad policial en el escenario de los hechos. Hasta el asesinato, su jefe fue el imputado comisario Lompizano.

Alí dio una pormenorizada descripción del funcionamiento de la Sala de Situación de la DGO , de la responsabilidad ineludible del jefe (por entonces Lompizano) sobre las órdenes que se bajan en terreno. De las características comunicacionales: no se debe usar el POC, sino el trunking o handy, porque "policía que habla por POC (celular) sabe que no queda grabado, policía que habla por trunking sabe que queda grabado".

Además, confirmó la hipótesis que sostuvimos siempre: "la orden modulada de replegarnos se da exclusivamente cuando el personal policial se halla amenazado o con serias posibilidades de resultar herido", cosa que no sucedió el 20 de octubre, sin embargo existe esa modulación por parte del jefe Lompizano minutos antes del ataque criminal.

Alí mandó presa a la comisaría 30ª: "Es su personal quien debe preservar el sitio y levantar los rastros" pero volvió contra Lompizano: "Entre otras cosas, hay mucha discrecionalidad en el jefe de la DGO para ordenar medidas cuando estos hechos suceden."
En materia de hechos, del mismo modo que ya no quedan dudas sobre la actuación de la patota de la Lista Verde al mando de Pedraza y Fernández, se disiparon todas las relativas a las de los policías federales intervinientes. Siempre tuvimos razón: no cometieron algún delito menor de brutos o distraídos, son responsables del crimen.