domingo, 11 de noviembre de 2012

Día 37 - La patota: los indefendibles (8/11)

"Sánchez, Pipitó, Uño, González, todos juntos al costado del tirador. Cuando se quedaron sin tiros, todos ellos retrocedieron."

Gonzalo Damián Fernández, ex tercerizado despedido de la empresa Confer S.A., prestó uno de los testimonios más precisos y contundentes que se tengan sobre lo ocurrido el 20 de octubre de 2010. No sólo por la coherencia de su relato en cuanto a lo vivido, sino también por la certeza y seguridad que demostró a la hora de reconocer a los agresores.
"Fuimos citados en la Estación Avellaneda por reuniones previas que tuvimos con Cardías, Villalba, el hermano de Pintos y otros compañeros tercerizados despedidos, para cortar las vías por la reincorporación y el pase a planta permanente. Ya lo habíamos hecho en julio de ese mismo año desde las siete de la mañana hasta las diez de la noche. Ahí conocí a los compañeros. Nos llevaron al Ministerio de Trabajo, nos prometieron pero nunca cumplieron. Por eso unos 20 tercerizados y grupos que nos apoyaban, fuimos el 20 de octubre a Avellaneda".
Contó entonces que, al llegar, en las vías estaba la gente de la UF, por lo que decidieron caminar por la lateral. "Se armó el revuelo cuando nosotros quisimos subir en el Puente Bosch, ellos empezaron a tirarnos de todo. Eran más que nosotros, entre ciento cincuenta y doscientas personas. Yo entré por un alambrado roto, trepé el terraplén junto a Fabián, otro tercerizado despedido de HERSO S.A. y no duramos un minuto arriba de las vías. Lo hice porque vi la ocasión de subir y me mandé, nosotros no tenemos jefes que ordenan."
Desesperando a las defensas, porque su testimonio destila la lógica del agredido, reconoció que llevaba palos y gomeras "porque no sabés con lo que te ibas a encontrar" . Y de banderas, sólo recordó una grande, la que había hecho el propio Mariano tal como se ve en los videos.
Relató entonces que, al recibir la represión policial con balas de goma y gases, dejaron muchos de esos palos en el lugar (seguramente los que después levantó la patota y los esgrimieron contra ellos, según los videos) y se fueron tres cuadras por Luján, hacia Vélez Sarsfield, en dónde hicieron una asamblea y decidieron retirarse. "Llevaríamos una cuadra caminando hacia Vélez Sarsfield y vienen ellos, corriendo con piedras y palos en las manos. Quedamos enfrentados a unos 30 metros. Volaban las piedras de ellos y nuestras, que recogíamos de lo que nos tiraban". Seguidamente terminó de comprometer la situación del barra brava Favale cuando describió uno "morrudito de remera azul, uno que sale de atrás de un auto y empieza tirar, va hasta el medio de la calle, se para y empieza como trotando para atrás al tiempo que hace así (aquí el testigo se para e imitando a Favale, extiende el brazo y lo recoge después de cada disparo). El tipo estaba a veinte metros mío. Escuché más de un tiro."
Específicamente preguntado por las defensas hacia dónde apuntaba el tirador, respondió con firmeza "Hacia la gente". Y aportó dos cuestiones que terminan de cerrar el compartido plan de la agresión: "Al costado de él (por Favale) estaban ellos, todos juntos: Sánchez, Pipitó, Uño, González, un gordo morocho vestido con ropas de ferroviario... todos los que salen en el video que mientras él tiraba con balas ellos tiraban con piedras y cuando se quedaron sin tiros retrocedieron todos juntos y fue ahí que los corrimos".
Ve entonces por primera vez a los dos patrulleros atravesados, una vez que los patoteros pasaron y volvieron al terraplén. Dijo que la policía fue increpada por los compañeros, entre ellos Pintos, que mostró su herida de bala en una pierna y que por toda respuesta recibieron "nos sobrepasó la situación" en un pueril intento de zafar de una responsabilidad insoslayable.
Y para desgracia del imputado Uño, la insistencia de su propia defensa para ver los videos lo terminaron de comprometer de un modo directo e irrefutable: mientras la defensa de Favale se opuso a la exhibición (está claro que no puede seguir cosechando marcas en el casillero "culpable") el Dr. Igounet se empecinó. El testigo señaló en la proyección a Uño como uno de los más encendidos atacantes, ubicándolo sin dejar lugar a dudas.

Un testimonio más sucio que una "PAPPA"

Carlos Alberto Del Pappa, es un ferroviario que trabaja en Transmisión de Alta Tensión en Témperley, conocido de todos los imputados, inclusive por el barra y hombre de confianza de Pablo Díaz: Favale. Lo convocó la defensa para embarrar la cancha en un arrebato de impotencia que da cuentas sobre el verdadero estado del proceso.
Dijo desconocer todo lo relativo al corte hasta las 9:00 de ese 20 de octubre, en que por la banda de su radio de trabajo escuchó que se juntaba gente en el cuadro de vías de Avellaneda parta evitar el corte de vías. Primera rareza: Sin más y sin siquiera informar a sus superiores, junto a un compañero de apellido Barreiro, dejó su puesto de trabajo y con su propio auto fue hasta el lugar. Pese a no tener contacto con el usuario, dijo: "No íbamos a permitir que se corten las vías porque después el pasajero nos hace blanco a nosotros."
Contó cómo iba con sus compinches por las vías, mientras los manifestantes lo hacían por la calle y con "la policía de la Pcia. de Buenos Aires al frente de esa manifestación", curiosa afirmación que reiteró después sin dudar, contradiciendo a todos (de un lado y otro) que la ubican detrás.
Contó después los episodios del Puente Bosch, dijo haber sido golpeado en una mano por un tuercazo y que "nosotros respondimos con piedras a modo de defensa porque ellos nos agredieron desde abajo". Otra rareza: seguidamente describió al terraplén tan empinado que torna increíble su versión. Dijo que los manifestantes se fueron, pero que ellos (la patota) temían que volvieran para cortar las vías. Estuvieron casi una hora o más en las vías, con tanto calor que decidió bajar a tomar bebidas, cuando de pronto vio que desde los manifestantes "se elevó una pancarta y apuntaba como si vinieran para acá... estaban a 300 metros. Todos gritan se vienen, se vienen, y algunos de los nuestros empiezan a correr hacia donde estaba la pancarta." El corrió, también, pero no adelante, y vio como sus compañeros "son agredidos con piedras y palos y entonces deciden volver". Después dijo que, minutos antes, desde la Estación Yrigoyen, llegó un grupo liderado por Favale, a quien conocía del corte de boleterías en Constitución del mes de septiembre y del acto en Ríver "en apoyo de la Presidenta". Este grupo pasó, no habló con nadie y bajó (los videos muestran claramente que vienen caminando desde la estación Yirigoyen, que se "funden" con la otra patota al grito de "Ferroviairos Carajo" y se saludan, pero DEL PAPPA no vio nada.). Ahí presuntamente escucha disparos y aquí si se produce uno de los más inverosímiles relatos jamás escuchados en la audiencia: "cuando miro en diagonal a mí , veo a un hombre con gorra negra y cabello canoso que le salía a los costados, una manga blanca de una remera y haciendo un ademán sacando como un arma o algo oscuro". Es tan trucho este intento desesperado de querer introducir la teoría del enfrentamiento armado que ni siquiera repararon en que el propio testigo reconoció que esto lo vio a 70 metros... ¡70 metros de distancia! y que entre él y ese presunto tirador "había tumulto, gente corriendo, griterío."
Con la inevitable sensación de estar frente a alguien que miente y mucho, pero además mal, su declaración intentó justificar a Daniel González diciendo que traía a un hombre herido y hasta dijo que se encontró con Pablo Díaz, con quien, en el bar de la estación Avellaneda mantuvo este diálogo: 

Pappa: ¿Para dónde vas Pablo?
Dïaz: A mi casa.- Responde el responsable de reclutar y manejar todo el plan en el ataque.
Pappa: Te llevo estoy con el auto, voy a Témperley. 
 
"En ese momento en la TV cuentan que hay dos muertos y heridos en los episodios por lo que nos sorprendimos más Pablo que yo... y volvimos a Temperley." (¿Sin saber quiénes eran los muertos y heridos? ¿Sin saber qué había pasado? ¿Sin preguntar a nadie sobre lo que ellos pudieron no haber visto?).
Si esto es verdad, la que miente entonces es Karina Benemérito, la funcionaria de la UF que dijo que Díaz se enteró de todo por el llamado que ella le hizo a las 4 de la tarde... Aunque no se descarta que mientan ambos.
Pero en un momento al Pappa se le cayó la sotana: después de un rato largo y con un corte de luz que hizo peligrar la continuidad de la audiencia, reconoció: "Soy amigo de Pablo Díaz y hablé una sola vez con su esposa Viviana Torres después que lo detuvieron, pero no para presentarme como testigo diciendo esto que estoy diciendo yo". La defensa de Pablo Díaz intentó sacar al testigo del atolladero cuestionando las preguntas de la querella, hasta que desde nuestro rincón se dijo: "Hay cuatro llamadas que no concuerdan con lo dicho por el testigo". El gesto del defensor es imborrable.
Pero había más. Terminada la actuación de Del Pappa, el defensor de González, Dr. Froment, completó el cuadro: amplió la nulidad de todo lo actuado en la Instrucción porque dijo que la jueza no había investigado que González en su indagatoria menciona a Del Pappa y nunca lo llamó a declarar. Ahora bien... ¿y ellos porqué no lo hicieron si nada se los impedía?.
Un viejo axioma judicial dice: Nadie puede alegar su propia torpeza... aunque la mayor de ellas haya sido haberlo traído al juicio. Quien embarra la cancha suele salir salpicado.

La ejecución del plan criminal, filmada por C5N. Primera parte.

Marcelo Pablo Polito era el asistente de cámaras de C5N que, junto a la peridodista Gabriela Carchak y el camarógrafo Gustavo Farías, fueron convocados al lugar por los propios manifestantes después de haber sufrido el ataque en el Puente Bosch. Cuando llegaron, vieron gente muy golpeada, entre los que estaban Elsa Rodríguez y el propio Mariano Ferreyra, quien les ofreció grabar de cámara a cámara las imágenes que había grabado "durante la emboscada previa o no sé qué en las vias. (...) Por el display de la cámara observo hacia las vías y veo a la gente en la calle abajo del puente juntando piedras, rompiendo baldosas... la más chica era la mitad de una. La situación era pesada". De pronto al testigo se le acercó "una persona de camisa blanca con handy en las manos que me dice que me tengo que retirar porque me iban a romper todo, la cámara y esas cosas. Yo me pongo firme y le respondo estoy laburando si querés sacame vos, yo no me voy, y el policía repitió te van a romper toda la cámara...Sé que era de la fuerza porque escuché la modulación en el handy", dijo después, corroborando el diseño y la ejecución compartida entre la patota sindical y la fuerza policial.
Es más, señaló a los móviles policiales puestos arriba de la vereda previo identificarlos como en cuña sobre el asfalto y hasta vio el carro hidrante "que se abrió cuando empezó a venir esa gente enajenada con palos y todo. Nos increpan, nos insultan, nos recriminan que le demos cámara a esos negros de mierda. Nos van empujando y nos metemos en Chevallier. Eran unas quince personas las que nos amenazaban y actuaban como jefes de grupo, mientras otras gesticulaban como si tuvieran armas en la cintura". Después, en los videos, reconocería a los imputados Sánchez y González entre esos primeros y a Pérez como a uno de los amenazadores con la mano en la cintura. González es el que los increpa , "el señor del cuello ortopédico", como lo llamó.
Desbaratando definitivamente la absurda versión defensista de un enfrentamiento, refirió que "la última vez que veo al grupo de los tercerizados es cuando se retiran, con todas las banderas enrrolladas, lo hacen a mis espaldas y dando la espalda a quienes venían con palos".
Contó entonces que cuando él y sus compañeros pueden meterse en Chevallier, previo empujón de la patota, ésta empieza la corrida hacia los manifestantes y se desataron "...piedrazos, gritos, rotura de vidrios, alarmas, y 8 detonaciones de las cuales me asombraron las tres primeras y las tres últimas. Eran balazos, sé distinguirlos de otras detonaciones porque en allanamientos filmados por nosotros en nuestro trabajo en villas y asentamientos varias veces han disparado".
Describiendo todavía más puntualmente cómo era que tenían todo previsto y planeado para matar y salir impunes, contó que "uno del grupo que venía de las vías, con pelo largo y campera azul, fue y vino hasta la puerta de Chevallier como custodiando que nosotros no salgamos para evitar que filmemos. Estaba parado ahí esperando que sus compañeros hayan hecho lo que hicieron". Después lo identificó en el video y en las fotos como al imputado Pipitó, caminando al lado de su jefe Pablo Díaz.
Para completar la cínica conducta del grupo delincuencial que prestó una colaboración indispensable para la ejecución del crímen, es decir los policías federales que estaban en el lugar, contó que "una vez que todo terminó y yo estaba entre los heridos y abrazaba a una mujer que estaba desesperada, vino otra persona mayor con handy a preguntarme qué había pasado... como si estuviéramos en un cumpleaños de quince".
El testigo refirió en todo momento haberse asustado y mucho, vivir amenazado y temeroso desde esos hechos, al punto de volver a declarar después de haberse retirado, para denunciar esta situación.
Por supuesto la defensa pidió el falso testimonio, como lo ha hecho cada vez que un testigo compromete seriamente sus intereses, es decir, en casi todos los casos de testimonios recogidos en la audiencia... y van más de doscientos.

El lunes declara el resto del personal de C5N que filmó el ataque. No pudo hacerlo el pasado 8N, porque algunos defensores como Freeland y Fenzel manifestaron a viva voz su deseo de concurrir a la marcha opositora al gobierno. La patota que ellos defienden, hace dos años, fue a Ríver en apoyo a los K. Unos y otros, asiduos concurrentes a "compromisos patrióticos y democráticos" en los que se decide la tercerización de la vida y de la muerte, de los trabajadores.