martes, 6 de noviembre de 2012

Día 35 - (01/11)

"Con funcionarios de la empresa como Walter de RRHH y Hourcade de Transporte, les dimos a los que venían a impedir el corte, todas las garantías de que nada les iba a pasar"

Ricardo Ernesto Arias es un ferroviario que integró en forma activa la patota que atacó a los tercerizados. Del grupo de delegados que responden a la burocracia sindical, en los Talleres de Escalada, contó que fue y convocó a impedir el corte para demostrarle a los usuarios que ellos no eran los que cortaban. Dijo, además, que, junto a funcionarios de la empresa como un tal Walter de RRHH y el jefe de transportes Hourcade, le dieron al resto de sus compañeros "garantias de que no iba a pasar nada".
La versión de los hechos, inocultablemente armada, intentó poner a su grupo en víctima. Pero lo inverosimil afloró en todo momento. Si los tercerizados iban por la calle lateral y ellos arriba de las vías sobre un terraplén muy alto, no se explica como los primeros van a ser los que agreden desafiando a la lógica y a la física: tirar cosas desde abajo hacia arriba, en un lugar encajonado y sin salida, para comenzar una agresión, resulta poco menos que suicida. Sobremanera si los de arriba tienen el dominio de la situación en todo momento, a punto que el grupito minúsculo que intentó subir a las vías fue rápidamente bajado, permitiendo que el propio testigo, que según su relato venía atrás, llegara a ver cómo, abajo, lo dispersaba la policía con una cortina de gases.
Dice que varios compañeros suyos salieron heridos en brazos y pecho por tuercazos, pero nadie se reportó como herido.
Dijo que "la otra gente", se fue a 300 metros del lugar y que ellos se quedaron en las vías porque temían que volvieran.
Dijo que bajaron"para comer" y que de pronto vio una corrida, dejó su sandwich y su gaseosa y salió tras sus compañeros, ignorando por qué corrían. Que pasó a los móviles policiales, que al principio se encontraban casi enfrentados y que después se corrieron. Que corrió cerca de 150 metros y entonces vio a la gente del PO con la cara tapada, gorritas y palos grandes. Llegó a Chevallier y ahí escuchó 5 o 6 tiros, que para él eran pirotecnia. Entonces volvieron para las vías. Dijo que no vio armas, que no vio a Favale ni ahí ni en las vías, que a González lo vio en las vías y que vio cámaras de TV en la parte de abajo. Y que a Pablo Díaz le habían dado una paliza cuando intentaba regresar a las vías. Y que de verlo casi a diario, nunca más volvió a ver a Pablo Díaz.
Precisamente esas cámaras de TV son las de C5N, y revelan que el testigo tiene deformada la memoria: en todo momento él aparece encabezando la corrida, al lado de González y del propio Favale, y, cuando regresan, se lo ve al lado de Díaz, que luce impecable y sin la mínima señal de haber sido siquiera rozado. No supo explicar lo que le mostraban las imágenes. Tampoco supo responderle al juez Díaz, cuando le preguntó por qué ese día, habiendo tantas mujeres trabajando, ninguna fue al corte. Sólo supo responder, de un modo que a todos resultó sugestivo, "la convocatoria no era para mujeres".
A preguntas hechas por nuestros abogados querellantes sobre si los tercerizados eran o no ferroviarios, contestó dos veces que eran tercerizados, reafirmando la política que el sindicalismo empresario del ferrocarril ha desplegado: antes que compañeros de trabajo o representantes de ellos, los delegados burócratas son soldados de Pedraza, a tal punto que, con este testimonio y esta reafirmación de disciplina contraria a la moral de la clase obrera, reconocen que lo que defendían eran el negocio de la Cooperativa de Pedraza, que consistía en administrar la cuestión de los tercerizados sin expectativas de que ingresen a la planta permanente del ferrocarril.

La memoria de este testigo interrumpió la hasta ahora armóníca relación de todos los defensores. Por haber relatado que al volver de la corrida los patrulleros se habín corrido, el Dr. Mariano Maciel, defensor de uno de los federales, pidió el falso testimonio de Arias, para desesperación del abogado de Pablo Díaz.
Cuando el barco zozobra, las ratas huyen por los tirantes.

La testigo que le guiñó el ojo a Alcorcel.

Verónica Laura Dellanna se presentó como Ejecutiva de la Unión Ferroviaria (lo dijo dos veces) y Secretaria de Acción Social de la seccional Bs.As. Sur. Con su guiño, provocó la sonrisa del imputado y una constancia en actas por esa impropia actitud de alguien que, instantes después, dijo no tener interés en el juicio.
Con Pablo Díaz se veía a diario en su lugar de trabajo en Constitución. Ese día se enteró por él del corte.
Pablo Díaz le comentó que iba para Avellaneda, y lo hizo en una camioneta de la empresa. Luego ella escuchó por radio lo que pasaba, motivo por el cual le envió un mensaje a Díaz para saber si estaba bien. Dijo que se enteró por los medios de todo lo ocurrido. Hay registros de varios contactos telefónicos ese día con el propio Pablo Díaz, pero ella lo relativizó diciendo que sólo era para decirle que no se preocupe, que él no había hecho nada. Lo extraño, finalmente, es que ella tampoco volvió a ver a Pablo Díaz, pese a que mateaban a diario en su común lugar de trabajo.

La funcionaria que responde a Schiavi y Luna. 

Graciela Cavazza es una abogada de la Subsecretaría de Transporte Ferroviario, dependiente de la Secretaría de Transporte que por entonces regenteaban el Ingeniero Schiavi y Antonio Luna (ambos procesados por la masacre de Once).
La funcionaria contó que "representaba a la Secretaría en cada reunión del ministerio de Trabajo donde se discutían convenciones de trabajo por el impacto económico que podían tener en la tarifa y en la economía en general". En otras palabras: la secretaría (el estado), la Ugofe (la empresa) y la UF (el sindicato empresario) se cuidaban de que los tercerizados no modificaran las reglas de juego del capital que convierten a los salarios y a las condiciones laborales en su predilecta variable de ajuste.
De los hechos, así como de cualquier responsabilidad en su prevención, despegó en todo momento tirando la pelota hacia sus superiores.
Habló con Fernández todo el tiempo "porque eso se lo ordenaron sus superiores". Recibió la nota del comité de crisis de UGOFE y la derivó "por orden de sus superiores". Ese día 20, "los contactos que hice con la empresa y el gremio me aseguraron que estaban dadas todas las condiciones para operar". El contacto con el gremio fue a través del imputado Fernández con quien mantuvo varias llamadas entre los días 19 y 20... y todas "porque se lo encomendaban los superiores de la Secretaría de Transporte".
Está cada vez más claro que faltan algunos otros imputados en el banquillo de los acusados.

"A los tres días apareció una camioneta Hilux con alguien que nos trajo un remanente, dinero en varios sobres".

Cuando el testigo Jorge Víctor Aguirre, ex-tercerizado traído al juicio por las propias defensas, dijo lo que dijo de la Cooperativa Unión del Mercosur, se hizo un silencio extraño en la sala. Hasta el fiscal se paró en un momento y lo comentó con las querellas. Aguirre acababa de poner en claro cómo la Cooperativa de Pedraza había comprado la voluntad de los tercerizados del obrador de Alejandro Korn dónde él trabajaba, para que no se sumaran al reclamo del resto de los tercerizados.
Aguirre contó que, en diciembre de 2009, entró a la Cooperativa por el enjuague de un concejal peronista de Alte. Brown (para quien "trabajaba políticamente") y el segundo de Pedraza, el Gallego Fernández. Que "fue entrevistado por Cabrol de Mercosur, quien rápidamente le dijo que no se haga ninguna ilusión de pasar a planta permanente, habiendo firmado un papel que reseñaba su condición de monotributista". Dijo que no quería saber nada de sindicalismo ni de reclamos y que lo único que él quería era cuidar su trabajo. No obstante, cerca del mes de mayo de 2010 empezó a escuchar fuertes reclamos de tercerizados "para dejar de estar como animales". Pero fue a los 7 meses de ingresado en que sus propios compañeros lo eligieron como "cabeza de cuadrilla", una definición que no pudo explicar pero que debe sumarse al conocimiento directo y estrecho que tenía con Pablo Díaz, entre otras cosas porque ese "título y función" era como brazo ejecutor de otras tareas del mismísimo Díaz en ese taller del sur. "Pablo me pedía que lo tuviera al tanto de lo que ocurría en mi sector" .
Corría el mes de julio, curiosamente el mismo del primer gran corte de vías del año efectuado por los tercerizados del Roca y que ya preocupaba a Pedraza, a Fernández y a su tropa. Fue en esos mismos días y después que presuntamente él personalmente gestionara el reclamo, que "apareció una camioneta Hilux con una persona de pelo largo y 17 sobres con dinero, que repartió en su taller de la zona ferroviaria de Gutiérrez, diciendo que eran los remanentes de las utilidades de la cooperativa que no se repartieron en los últimos tres años. Dinero, todo, para sus compañeros, que a él le juntaron un poco y le dieron en reconocimiento".
El testigo de "la defensa" el mismo que no quería saber nada de gestión sindical, puso en claro alguno de los aspectos claves del plan criminal que condujo a la muerte de Mariano: cooptación, compra de voluntades, apariencia de legitimidad gremial... todo servía para aleccionar a los tercerizados. Y si se necesitaba, proveer a la impunidad en caso de tener que explicar conductas en sede judicial.

"Acto de presencia era impedir que se llegue a otro corte de vías."

Marcelo Suárez, otro ferroviario que integró la patota armada en parte en los Talleres de Escalada, delegado convocado por Pablo Díaz "para hacer acto de presencia, es decir, impedir que se llegue a otro corte de vías", dice haber visto muy poco y estar lejos de los hechos, pero misteriosamente recibió un tuercazo en el pecho. "Cuando empezó la corrida , era un griterío, algunos gritaban ¡¡¡Vamos!!!" yo estaba abajo del Puente Bosch tomando gaseosa, apenas hice 20 0 30 metros y volví a subir a las vías. (...) No escuché disparos ni comentarios sobre ellos. Desconozco si alguno dio la orden de ir a correrlos. Cuando estábamos en las vías vi bajar a un grupo al grito de "ferroviarios" pero no conocía a nadie".
Vale recordar que Suárez es el pelado de torso desnudo que rodea a Pablo Díaz cuando vuelven por las vías a la estación de Avellaneda y que, como otros, (por caso Amuchástegui y Carnovale) debió estar sentado en el juicio al lado de su jefe.

Juez: "Si Ud. se asusta, si Ud. no quiere la violencia, ¿para qué corrió para adelante?"
Testigo: "Me hago la misma pregunta...".

El testigo es Mariano Víctor Marocco, de los Talleres de Escalada, otro que fue al "acto de presencia" con el propio hijo de Pablo Díaz. Llegó a decir que "los tercerizados atacaron primero con un grupo de mujeres y chicos para después abrirse y aparecieron tres cordones de seguridad con palos y caras tapadas". En su patético e hilarante relato, dijo que estuvo a 10 metros de la gente, para disuadir. Fue tan increíble, que provocó la pregunta del juez. Lo único cierto que dijo, convencido de que quien corre 300 metros para buscar a los que se van, lo hace para disuadir y por eso debe contar con el respaldo policial, fue que "los patrulleros nos protegieron, se abrieron a la ida y después se cerraron".

"Cuando volvíamos en el auto con el imputado Uño y otro compañero, me llamaron mi mamá y mi señora para contarme lo que decían los medios, pero no hablamos nada entre nosotros"

Jorge Eduardo DOTTA es un guardabarrera de Claypole, uno más de la patota ferroviaria del cuerpo de delegados que responde a Pablo Díaz. Dijo que ese día iba para Constitución y que en la estación de Rafael Calzada se enteró del corte. Llamó a Amarilla, un compañero que venía en auto junto al imputado Uño y con ellos llegó a Avellaneda. Caminó por las vías, escuchó el griterío al tiempo de la corrida mortal pero él hizo media cuadra y se volvió. El grito era "¡¡¡Vamos vamos que los corremos!!!, ahí abajo del puente estaba Pablo Díaz", a quien vivía llamándolo. Las escuchas telefónicas dan cuenta de las que tuvo ese mismo día antes, durante y después del crímen. Por eso sorprendió que, volviendo con sus dos compañeros en el mismo auto que lo llevó y ante la gravedad de la información recibida, no hayan comentado nada entre ellos.
¿Algo más que un silencio cómplice se guardaba en ese auto?

"Muchachos no hagan quilombo y pórtense bien."

Jorge Krakovsky es hoy jubilado ferroviario de los Talleres de Escalada. El 20 de octubre de 2010 dice que escuchó comentarios que tenían que ir para evitar un corte de vías antes de las 10.00. "Nos retiramos unos cien hasta Avellaneda. Había mujeres que le deban el pecho a criaturas y que cuando nos ven llegar se retiran y caminan por una calle lateral y palabra va palabra viene, insultos van insultos vienen, veo un incidente antes del Puente Bosch. Yo grité "Ferroviarios Carajo", porque cada vez que había un corte de vías se paralizaba el servicio y nuestros compañeros eran agredidos por los usuarios, por eso fuimos. Esta gente, los tercerizados no hacen tareas ferroviarias, no son ferroviarios.
De pronto de la estación Yrigoyen baja un grupito que no eran ferroviarios y bajan debajo del puente y empiezan a correr a esta gente. Yo estaba arriba del puentecito. Siempre estuve allí. Divisé a uno con gomeras. No escuché disparos, sí muchos gritos."

Párrafo aparte para su "defensa" de Pablo Díaz: como un abuelito que recomienda tomar la sopa, dijo que ese día sólo le escuchó decir "Muchachos no hagan quilombo y pórtense bien" provocando la pregunta del Tribunal respecto a porqué dijo Díaz eso: "Porque él es un 'delegado superior', un referente nuestro, lo que él decía, conducía". Entonces contó que también estuvo en Ríver con Favale, a quien también vio en Constitución en los incidentes de Plaza Constitución, en las mismas ocasiones en que estaba Pablo Díaz . Cuando contó los episodios del corte de boletería en Constitución, no supo explicar por qué fue, si ahí los usuarios no se ven afectados, por el contrario, se benefician porque viajan sin pagar.
De dudosa moral para decir que "de haber sabido que se iba a matar a alguien no hubiera ido, estaba a seis meses de jubilarme" finalmente y a preguntas del Tribunal debió reconocer que cuando empieza la corrida mortal: "lo que vi desde arriba del puentecito, es que esta gente, la del PO, se iba retirando... retirando" (reafirmando, como quien confiesa, arrepentido).

La jornada terminó con la histeria del abogado defensor de Fernández, el "prestigioso profesor" Dr. Freeland, con un remanido planteo de una presunta desigualdad de trato entre las querellas y la defensa, que todos entendimos como una maniobra destinada a relativizar los efectos de la enorme derrota judicial sufrida en la fecha. Fueron todos testigos de las defensas...