viernes, 28 de septiembre de 2012

Día 21, 27 de septiembre. Anécdota - “Algunos delegados gremiales son trabajadores…” - “Pertenezco a la organización Quebracho pero no tengo la capacidad para tirar piedras” – “Un ataque artero y criminal” -“Tuvieron que matar a Mariano para que nos reconocieran como ferroviarios”.

Anécdota

“Hoy tiene que declarar Víctor Amarilla, que es conocido como un hombre peligroso, y pertenece al SITRAIC, un desprendimiento de la UOCRA igualmente violento”, arrancó, antes que ingresara el primer testigo, el defensor del “Gallego” Fernández, el abogado Freeland, para rematar con el pedido de que, cuando llegara el turno del compañero, declarara con custodia policial.


Nuestra compañera Verdú, después de señalar que el SITRAIC es el sindicato de trabajadores de la construcción que a diario debe enfrentar las agresiones y ataques de la burocracia de los grupos de choque del burócrata y ex espía de la dictadura Gerardo Martínez, del mismo paño que Pedraza y Fernández, y tras informar que CORREPI ha colaborado tanto en la campaña por la libertad de Carlos Olivera como en la denuncia penal contra el sindicalista favorito de Cristina Fernández, arrancó carcajadas del público al proponerle a Freeland que, para conjurar su miedo al compañero Amarilla, se sentara a nuestro lado durante su declaración, así no le pasaba nada…

1. “Algunos delegados gremiales son trabajadores…”

Desestimada la chicana del atildado defensor, se alteró la lista de testigos, pues estaba en la antesala José Luis García, testigo protegido que fue jefe de administración de personal y liquidación de haberes de UGOFE desde 2007 hasta que fue forzado a renunciar en junio 2009.


García explicó que, por el cargo que ocupaba, tenía acceso a las planillas de los subsidios remitidos por la secretaría de Transportes para pagar los salarios del personal de UGOFE, así como a los sueldos efectivamente liquidados y pagados. Así se dio cuenta que había diferencias en menos entre su propio salario y lo que la empresa recibía para pagar su cargo, y que lo mismo sucedía con los demás trabajadores no convencionados, es decir, no afiliados a la Unión Ferroviaria, a La Fraternidad y a Señaleros.


“Con el 80% del personal había diferencias. En el caso de los no convencionados la diferencia era del 25 al 30 %. En el caso de los convencionados se liquidaban ítems que no correspondían y que no llegaban al trabajador; o se liquidaban sueldos de personas que nunca trabajaron y todos los meses cobraban”, dijo.


En 2008, García reclamó a sus jefes por su propia situación, que le contestaron que era “una orden de la secretaría de transportes”. Como el empleado jerárquico siguió reclamando, y hasta presentó una denuncia ante el ministerio de Planificación, fue citado por Pedraza, además de tener varias reuniones con Fernández y una con el secretario de Transporte Ferroviario, Antonio Luna. El mensaje conjunto de los burócratas, los directivos de UGOFE y el funcionario oficial fue claro: “Dejate de joder y renunciá”. Y para que se callara la boca, le dieron una “bonificación especial” de $28.000.


El testigo también contó cómo era el mecanismo de ingresos a UGOFE: “Venía un listado firmado por Antonio Luna o Fernández por la UF, o por Sosa de La Fraternidad, y era automático, no había ningún estudio de qué personal entraba, no se buscaban calificaciones, entraba el que decía la UF. Llegaba el listado, se hacía el preocupacional, y adentro”. A veces llegaban listas de 300 o más personas, y él preguntaba “¿Dónde los metemos?”, porque no tenían calificación alguna, o los puestos estaban completos, y la respuesta era que tenían que entrar, aunque luego muchos no trabajaban realmente.


“Nunca se liquidaban sueldos de las categorías más bajas, como limpieza, porque esas tareas las hacían los tercerizados”,agregó, “cuando llegaba la época de pago se acercaba la gente a preguntar lo que debía cobrar por su tarea, porque personal ferroviario de la misma línea u otras cobraba mucho más por hacer lo mismo”.


Luego dio detalles sobre la forma en que funcionaba, como verdadera socia de la patronal, la Unión Ferroviaria, y cómo, ante cualquier reclamo, la respuesta que recibía era “es orden de Pedraza”. Y dejó claro el rol de esos burócratas disfrazados de representantes de los trabajadores: “Algunos delegados gremiales son trabajadores”. No los de la Unión Ferroviaria.

2. “Pertenezco a la organización Quebracho pero no tengo la capacidad para tirar piedras”.

La compañera Dora Martínez, de la CTD Aníbal Verón – MPR Quebracho, revivió los hechos desde que llegó a Avellaneda por la mañana, hasta el ataque pasadas las 13:30.


“De arriba de la vía nos puteaban, nosotros no queríamos contestar las provocaciones, cantábamos. Al llegar al puente, vi que una parte de adelante de la columna intentó subir a la vía, pero así como quisieron subir bajaron, porque llovían las piedras. Nos desparramamos, y quedé atrapada con otras dos compañeras, una era Elsa, que tenía un piedrazo en el brazo, la otra estaba lastimada en la cabeza. Los compañeros nos rescataron mientras la policía nos reprimía y nos fuimos unas dos cuadras más adelante, donde había un puestito de choripán. Discutimos en asamblea cómo seguir, y a la hora u hora y media nos empezamos a ir”.


“¡Ahí vienen! Gritaron os compañeros que estaban más atrás. Miré para atrás, y vi que se tiraban de las vías. No había nadie que los pare, los patrulleros no estaban más. Las mujeres empezamos a correr hacia Vélez Sársfield, mientras los compañeros se quedaron para tratar de frenar la situación. Oí como 10 o 12 disparos cuando estábamos una cuadra de la parrilla y vi caer a Elsa para atrás. Alguien gritó ‘Ay Dios’ y ‘mataron a Elsa’.”.


Su compañero Pablo Chamorro le contó después que vio una mano que empuñaba un arma y disparaba desde atrás de un auto y que tenía un tatuaje, que era como un payaso.


Ante el ataque previsible del defensor de Fernández, la compañera respondió: “Pertenezco a la organización Quebracho pero no tengo la capacidad para tirar piedras”.

“Un ataque artero y criminal”

Luego, el “peligroso” Víctor Catalino Amarilla Barrios, de Convergencia Socialista y la Lista 26 de Julio Naranja del SITRAIC, explicó que varios compañeros fueron a la marcha de los tercerizados, porque su gremio apoya todas las luchas de los trabajadores y levanta la bandera de la libertad sindical y la democracia. Vieron un grupo grande de personas en la vereda del lado oeste de la estación Avellaneda, que los insultaba “Zurdos hijos de puta, váyanse o los vamos a matar”. Identificó a Pablo Díaz, con chomba clara, como quien daba órdenes mientras hablaba por teléfono.


“Apenas cruzamos el puente, empezó un ataque artero y criminal. Nos cubrimos con la bandera del Sitraic para tratar de frenar los piedrazos, y salimos por el callejón que hay a la izquierda por el borde del Riachuelo hasta Luján. Estuvimos ahí una hora. En la asamblea decidimos retirarnos, y estábamos en eso cuando vvi que dos patrulleros que estaban uno frente al otro en la cuadra siguiente se abrían y dejaban pasar a la patota que bajaba de la vía”.


“Mientras apurábamos a salir a las mujeres, chicos y gente de más edad. Hicimos un cordón. Yo tenía una gomera. Cuando llega la patota empiezan a tirar una lluvia de piedras y después escucho disparos, miré hacia donde me pareció que venía y vi a unos 10 o 15 metros al tirador. Vi dos fogonazos, giré la cabeza para donde apuntaba y vi a un compañero que se agarra la panza y cae. Salí corriendo a ayudarlo, pero otro compañero de la 26 de Julio, José Tejeda, llegó antes y lo agarró por debajo de las axilas, así que volví al cordón. El tirador era una persona morruda, con ropa oscura, pelo corto tipo policía y barba candado”.

“Tuvieron que matar a Mariano para que nos reconocieran como ferroviarios”.

El tercero fue Ariel Benjamín Pintos, trabajador despedido por lo tercerizadora Confer por reclamar el pase a planta. Relató la larga lucha, las negociaciones, los acuerdos incumplidos, hasta llegar a la decisión de movilizar y cortar la vía el 20 de octubre.


“Arriba de las vías eran 150 más o menos, liderados por Pablo Díaz. Cuando cruzamos el Riachuelo los habíamos dejado atrás y tratamos de subir a la vía, pero como subimos tuvimos que bajar, era una lluvia de piedras. Avanzamos como tres cuadras. Había patrulleros que se pusieron entre la vía y la primera calle. Los de la Verde seguían sobre el puente. Nosotros nos juntamos, algunos querían ir a Constitución, pero al final decidimos irnos. Oímos que gritaban ‘Ahí vienen’, me di vuelta y noté que se notaba que los patrulleros se habían abierto, dando paso a la patota”.


Ariel se sumó al improvisado cordón de defensa, donde, cuando ya estaba escuchando disparos, recibió un tiro en la pierna. “Vi uno que sale de entre los árboles y autos y dispara. Era morrudo, ni alto ni petiso, de pelo corto y camisa clarita o cremita y pantalón”.


Ariel explicó cómo era la situación de los tercerizados, tanto de las empresas como de las cooperativas dirigidas por la Unión Ferroviaria, que siempre se opuso a que ellos ingresaran a planta permanente.


“Entré a UGOFE en enero, los primeros meses nos mataron, nos tenían todo el día con el peor laburo, los capataces los nombra la empresa y el sindicato”, dijo, ratificando lo que surge de las escuchas entre Pedraza y Tomada, cuando ya era inevitable ingresar a los tercerizados, y ambos acordaron hacerles la vida imposible.


Ante una pregunta de un defensor que quiso relativizar su relato haciéndole admitir que hoy trabaja en el ferrocarril, Ariel no dudó: “¿Ud. quiere decir si tuvo que pasar esto para que entráramos? Sí, tuvieron que matar a Mariano para que nos reconocieran como ferroviarios”.