martes, 25 de septiembre de 2012

Día 20 - EL GRUPO DE LAS BANDERAS ESTABA REUNIDO PACIFICAMENTE, EL GRUPO QUE BAJO DE LAS VIAS LES TIRABA DE TODO (25/9)


De Oliveira es un muchacho vendedor ambulante, que, el 20 de octubre de 2010, como todas las mañanas, instaló su puesto de venta de sánguches a metros del Puente Bosch. Contó que vio venir una marcha del "Polo Obrero" con banderas, muchachos y mujeres por la calle Luján de Barracas. Que esta gente era tranquila, que comieron y se reunieron para después recoger sus cosas y empezar a irse hacia Vélez Sarsfield.



De pronto, un grupo numeroso de gente vestida con ropa Grafa, que venía en malón desde las vías, comenzó a tirarles de todo. "Se escucharon gritos, muchos gritos, llantos y estruendos. A la policía la vi parada a lo lejos, sin hacer actividad."

Insospechado de parcialidad o mendacidad, lo cierto es que este trabajador enterró y le puso una lápida a la insostenible estrategia defensista de Pedraza, su patota y sus policías. Deberán pensar en cualquier cosa, menos en la ya rebuscada idea del exceso en una inexistente defensa de sus clientes.






En una mañana de testimonios contundentes, no exentos de una embargante emotividad, el testimonio de De Oliveira se unía al de los militantes que junto a Mariano, Elsa, Nelson y todos los compañeros movilizados, esa mañana , sufrieron la lección que la triple alianza antiobrera le propinó a los trabajadores tercerizados.

Cada uno aportó lo suyo, desde los compañeros y amigos de Mariano, como el testigo Varterián preciso y detallista, que observó cómo "la policía estaba en las vías auxiliando a la patota" para cerrar con una reflexión que quedó rebotando en la sala: "era extraño ver tanta impunidad" dijo. En su misma línea, Mauro Mayor y Consilvio Benegas hasta Aguirrezabala, que ratificaron íntegramente lo expuesto hace dos años en la instrucción, dejando en claro que en todo momento se defendieron de una patota desenfrenada, que baleó hirió y mató, sin que ninguno pudiera dar crédito a lo que vivían.

Párrafo especial para José Correa, un militante que anduvo esa mañana megáfono en mano, agitando y alentando a los movilizados y que, al revivir la subida al colectivo para irse del lugar, se quebró, recordando el momento preciso en que le informaron la muerte de Mariano.



El testigo no titubeó a la hora de recordarle al Tribunal que vio a los patrulleros de la Federal cortando la calle en barricada e impidiendo el paso de la patota que se hallaba en las vías, y que minutos después, esos mismos patrulleros se movieron, garantizando el paso de ida y de vuelta de los agresores.

Con el rechazo por parte del Tribunal de planteos nulificantes anteriores y el remanido recurso defensista de invocar falsos testimonios varios, terminó una jornada que se caracterizó por la tremenda carga incriminante que viene a engrosar la ya acumulada desde el 6 de agosto.